miércoles, 10 de enero de 2007

Al presidente le hace falta un memorex

Foto de Paul Vallejos (Perú.21)

Alan García insiste en cuestionar el fallo de tribunal de San José sobre la ejecución de 41 terroristas en el penal Castro Castro en 1992, señalando que si “la Corte quiere sancionar a los responsables, que lo haga, pero el pueblo ha sido agraviado y no se le puede obligar a pagar, con sus impuestos, cientos de millones a personas que destruyeron el país”.

Es cierto que la sentencia es harto cuestionable en la forma – reparaciones y homenajes a terroristas – pero en el fondo es irrefutable: hubo, en el caso de Castro Castro, ejecuciones selectivas contra senderistas y la responsabilidad de esos crímenes de lesa humanidad – al margen de que hayan sido sanguinarios terroristas – recae directamente en el entonces presidente Alberto Fujimori. Sobre esto García se muerde la lengua con descaro. No lo condena, no lo discute. En cambio, se despacha contra Toledo y lo culpa por haberse allanado a la demanda por este caso. ¿Qué tenía que hacer entonces?, como bien lo dice el analista Santiago Pedraglio, “¿mentir?, ¿defender al gobierno de Fujimori por haber perpetrado la matanza selectiva?, ¿aducir que los muertos se suicidaron?”.

Otro asunto que no deja de sorprender –y de indignar – es la zigzagueante historia de Alan García y ese tan bien afinado olfato acomodaticio del que hace gala con habilidad, aprovechándose de la fragilidad de la memoria. O es que quizá el desmemoriado sea él. En cualquier caso, es bueno recordarle algunas cosas, a propósito de este tema. Ha dicho, parafraseando a Bolognesi y con la chillona solemnidad que suele imprimirle a sus palabras, que él defenderá “la economía del Perú hasta quemar el último cartucho".

Qué alguien nos coja confesados si esta vez va a ‘defendernos’ con la prolijidad que lo hizo entre 1985 y 1990, cuando devastó nuestra economía, disparó hasta el infinito la inflación, estatizó la banca y la gente hacía colas kilométricas para conseguir, con suerte, leche enci o azúcar, porque no era infrecuente que cuando te llegaba el turno los precios de los productos se habían elevado y el dinero que llevabas en el bolsillo solo te alcanzaba para llenar el estómago de tus hijos con una cajita de chicle adams. Se acuerda señor García de aquellas memorables épocas, ahora que responsabiliza a terceros por la indefensión del Estado ante los fallos de Corte.

En cuanto al homenaje a los terroristas ejecutados, García dice: "Supongo que será la propia Corte la que venga a construir ese monumento, porque no va a encontrar un solo peruano que quiera poner un ladrillo en favor de los asesinos del Perú". Sí hubo un peruano que, en 1988 – en pleno apogeo del terrorismo –, rindió un sentido homenaje a los senderistas. Y ese peruano era usted señor García. Durante el congreso de la juventud aprista de ese año realizado en Ayacucho el hoy mandatario dijo lo siguiente: "Sendero Luminoso tiene militantes activos, entregados, sacrificados (...) el senderista tiene lo que nosotros no tenemos: mística y entrega. Es gente que merece mi respeto y personal admiración porque son, quiérase o no, militantes". No les parece que recordar es volver a vivir, ¿qué piensan ustedes?.

2 comentarios:

Martín dijo...

García es un cínico de los peores. Defiende posiciones controvertidas con una convicción que indigna, y que debería de indignarle a él y a todos. Es bueno que ahora que la mayoría de medios trata con guantes de seda al presidente haya blogs que le digan sus verdades..

María Claudia dijo...

Alan es un conchudo de lo peor... leyendo en tu post lo que dijo en 1988 sobre los terrucos me molesta que ahora salga a querer matarlos porque se le ocurrió... es el mismo irresponsable de hace 20 años...