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viernes, 18 de mayo de 2007

Del Castillo Dixit

El premier Jorge del Castillo dio una lamentable entrevista al diario Expreso, en la que confirma que la interacción que ha tenido en estos casi 10 meses de gobierno con personajes de conocida trayectoria antidemocrática y cercanos al fujimorismo lo están haciendo perder la perspectiva y el sentido común: ha negado una realidad irrefutable al decir que en el Perú nunca se violaron de manera sistemática los derechos humanos.

Según la Comisión de la Verdad, las dos décadas (1980-2000) que duró el conflicto armado en el país dejaron cerca de 70,000 víctimas (entre muertos y desaparecidos), de las que poco menos de la mitad fueron responsabilidad directa del Estado. Para arribar a esa conclusión, este grupo investigó todo el proceso de violencia política, recogió testimonios en casi todos los lugares donde la hubo – 129 provincias y 509 distritos del país – y realizó exhumaciones, por lo que no se trata de una cifra antojadiza, como dicen algunos ya sea por intereses particulares o por convicciones ideológicas.

Sin embargo, Del Castillo afirma, en la citada entrevista, que en realidad “intentan demostrar que hubo una política de Estado en ese sentido. Yo discrepo con la Comisión de la Verdad en esa apreciación, puesto que los excesos son aislados y no una política de Estado”. El premier incluso dijo que en estos hechos de violencia no hay responsabilidad política de los altos mandos militares.

¿No son acaso los casi 30,000 muertos y desaparecidos, la mayoría campesinos de zonas remotas y olvidadas, producto del accionar de militares y policiales, suficientes como para descartar la ‘tesis’ de que solo se trató de excesos aislados? ¿Acaso, al principio no se ejecutaba a las personas por mera sospecha, cuando la lucha se realizaba en el campo y no se sabía bien a qué se enfrentaba el Estado y ,luego, cuando se identificó al enemigo, se realizaban ejecuciones selectivas? ¿Esto no se llama, en cualquier parte, terrorismo de Estado?

Cuando Del Castillo afirma que no hubo violaciones sistemáticas de derechos humanos en el país y no existe responsabilidad política en los ‘excesos’ (lo que se conoce como ‘cadena de mando’), además de pretender lavarle la cara a Alan García y a los jefes militares de su primer gobierno por los crímenes, por ejemplo, de Accomarca y Cayara, nos está diciendo también que Fujimori es una mansa paloma, que fue una víctima de las circunstancias, que no sabía del grupo Colina ni de las matanzas de Barrios Altos o La Cantuta y está injustamente acusado por violación de derechos humanos.

No se puede ignorar esta parte de nuestra historia ni ser ingratos con los militares y policías que dieron su vida para darnos un país en paz, pero los políticos no deberían dar estos mensajes que justifican la impunidad para algunos y la injusticia para otros, porque – no se olviden – hay cientos de militares y policías de menor rango, víctimas reales – al igual que la mayoría de peruanos – de la insania senderista, que viven en el más completo olvido con las terribles secuelas sicológicas y físicas que les dejó esta guerra. ¿Qué se ha hecho por estos verdaderos héroes anónimos? ¿Esa es la 'justicia' que reclama el premier? ¿Por qué no tienen estos la misma 'suerte' que los Giampietri, los Pérez Documet, los Hermoza Ríos, y tantos otros oficialotes?

lunes, 19 de marzo de 2007

El alfil del gobierno aprista

Foto: Fidel Carrillo

Un tema que viene tomando fuerza en estos días es la borrosa disputa entre la Pontificia Universidad Católica del Perú (PUCP) y la Iglesia Católica, cuyas autoridades denunciaron las intenciones, seguramente non sanctas, del cardenal Juan Luis Cipriani de controlar los bienes de esta universidad, en virtud de un usufructo que en 1944 dispuso José de la Riva Agüero, mediante el cual facultaba al Arzobispado de Lima a que constituyera una Junta de Administración, "a perpetuidad e insustituible", que velara por la buena administración de las propiedades que legó a esta casa de estudios.

Lo que no queda claro es a cuenta de qué a Cipriani ahora se le ocurre hacer visible este enfrentamiento y pretende hacer valer, a pie juntillas, ese usufructo de Riva Agüero, el que habría vencido en 1964, de acuerdo con la administración de la PUCP. Según dicen, lo que buscaría Cipriani es que en esta universidad no se mueva un dedo ni se tome ninguna decisión sin su consentimiento. Y esto va desde la compra o venta de inmuebles hasta los contenidos académicos.

Pero insistó: ¿Por qué este repentino interés del máximo representante del sector más recalcitrante de la Iglesia en la PUCP? ¿Es su único interés, como asegura él mismo, hacer cumplir los deseos de Riva Agüero? Como todo lo que ha hecho Cipriani desde que se volvió un personaje público, esto huele mal y me tinka que no tiene que ver con la filantropía. Para nadie es un secreto que la PUCP es considerada, por sectores ultraconservadores como el del cardenal, cuna de la 'izquierda caviar' y que muchos de sus miembros son conocidos activistas de derechos humanos y, por ende, un permanente dolor de cabeza para Alan García y sus afanes populistas, como la pena de muerte y el retiro de la Corte de San José.

O sea, este tema tiene un trasfondo político e ideológico, si se quiere, al que se superpone dos planos: uno judicial, por la reciente venta de una parte del terreno del legado al colegio chino Juan XXIII sin consultársele a la sacrosanta ‘Junta’, y otro eclesiástico, según el cual, toda institución que lleve el título de “Pontificia” tiene que adecuarse al estatuto fijado por la Iglesia. Pero no hay que perder de vista la cuestión política. Creo que Cipriani, en este caso, está jugando el papel de alfil del gobierno aprista para hostigar a los defensores de derechos humanos, lo cual no le incomoda porque siente un creciente desprecio por estos, y si para hacerlo se tiene que disfrazar de curita con sentido de justicia social lo hace sin chistar (“Me gustaría que las pensiones – en la Católica – fueran más baratas y que algunos sueldos no fueran tan altos”, dijo en un tono muy parecido al de Alan García) .

Y esa intencionalidad política que veo en todo este desaguisado se refuerza con el hecho de que es, en la práctica, inviable que se concreten las suspuestas pretensiones de controlar la Católica de Cipriani. Y este seguro lo sabe, pero igual friega. Rosa María Palacios dijo lo siguiente en el útero de marita: “La Universidad se maneja de acuerdo a la Ley Universitaria, ninguna Junta externa puede intervenir en su administración, ni muchos en el contenido de lo que se enseña. En el peor de los casos esa Junta sólo podría intervenir en el uso económico de los bienes de Riva Agüero (actos de disposición), dado que la propiedad de todos estos inmuebles ya está a nombre de la PUC”. Más claro, ni el vestido con que desfiló Lady Bardales en ExpoModa 2007.

miércoles, 7 de marzo de 2007

¡Qué tal con…ciencia!

Esta es una de las tantas imágenes que muestran
las brutales torturas en Abu Ghraib

No se puede leer sino con indignación – matizada con una pequeña sonrisa en el rostro – la noticia de que el Departamento de Estado de Estados Unidos, en su informe sobre derechos humanos en el mundo – sí, aunque parezca una burla –, critica al Perú por abusos contra presos. El documento incluye las denuncias de tortura que se presentan, con frecuencia, después de un arresto. Refiere que a los familiares se les prohíbe visitar a los sospechosos, y los abogados tienen acceso limitado a los detenidos.

Walker Bush y su gente son personajes de ficción, de una mala ficción. ¿Las alucinadas autoridades de este país, que se creen la conciencia del mundo, acaso desconocen que vivimos en un mundo globalizado, en donde las atrocidades que cometen en los países musulmanes (Irak y Afganistán para ser más precisos) se conocen – casi en tiempo real – en el resto de latitudes? ¿Creen que no sabemos lo que pasa en Abu Ghraib o en Guantánamo o en las prisiones secretas en países de Europa que hace poco tuvieron que admitir que tenían? Con qué autoridad moral pueden venir a sermonearnos sobre los derechos humanos de nuestros presos cuando ellos matan por sospecha, torturan y ultrajan en juegos sexuales medio zoofílicos a cientos de personas detenidas sin otra ‘prueba’ que su origen árabe.

Ya que hablamos de los gringos, Guillermo Giacosa, en su habitual columna de Perú.21, a propósito del susto que se llevó el vicepresidente Cheney en Afganistán cuando un grupo de afganos burló la ‘ultra’ seguridad de la fortaleza de la OTAN – que este visitaba – y logró estallar un coche bomba, escribió: “Esta expresión de la debilidad del poder me recuerda cuando los vietnamitas descubrieron que las bombas gringas tenían un sensor que las hacia guiarse por el olor humano de la urea y vencieron esta sofisticada tecnología con una contratecnología natural tan simple como brillante: antes de iniciar sus trabajos de infiltración en territorio enemigo, procedían a una ceremonia de orina colectiva. Luego, colocaban bolsitas con esos orines en aquellos lugares de la selva que ellos no transitaban logrando así que las bombas se dirigieran al lugar equivocado”.

Añade: “Y los gringos, mientras sacaban pecho y se ufanaban de sus avances científicos, se limitaban a cometer un inocente e inútil 'orinicidio' que solo perjudicaba la floresta de la región, financiada, además, por los contribuyentes de su país. Mientras tanto, los menospreciados vietcong, con el producto de sus riñones, lograban infiltrase entre las líneas enemigas y avanzar para lograr lo que finalmente fue una victoria sobre el ejército más poderoso del planeta”.