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jueves, 10 de mayo de 2007

Confirmado: Ecuador y Chile hacen causa común contra Perú

Espinoza y Foxley sellan la alianza
estratégica de Ecuador y Chile.

Las declaraciones del presidente de Ecuador, Rafael Correa, sobre la presunta pretensión – según dijo – de Perú de modificar los límites fronterizos con su país y con Chile no fueron gratuitas: eran el inicio de un respaldo formal de Quito a la postura de Santiago frente al reclamo peruano para fijar los límites fronterizos, que según lo chilenos ya fueron definidos con los acuerdos de 1952 y 1954.

La canciller ecuatoriana María Fernanda Espinoza mintió públicamente hace unos días cuando aseguró, en declaraciones a una radio peruana, que en la agenda que iban a abordar con las autoridades del gobierno chileno no se incluía el diferendo marítimo que Perú y Chile tienen. Falso. Hoy suscribieron una declaración conjunta que, además de crear un Consejo Interministerial Binacional para profundizar la colaboración y fortalecer las relaciones comerciales y económicas, dice que “ambos países reafirman la plena vigencia de la Declaración sobre Zona Marítima de 1952 y el Convenio sobre Zona Especial Fronteriza Marítima de 1954”.

En cristiano: Ecuador se suma a la postura de Chile (que recortaría unos 35.000 km2 de mar peruano) y forman una alianza estratégica que busca debilitar la posición peruana. El gobierno de Alan García ha hecho todo lo posible para que este tema – que es, por cierto, estrictamente bilateral – se supere por los canales de la diplomacia y no afecte las relaciones comerciales y económicas con Santiago. Para nuestro país los acuerdos del 52 y 54 solo regulan la pesca artesanal en la frontera marítima que tenemos en común pero no fijan los límites. Esto lo han reconocido diversas autoridades chilenas, pese a la negativa de su gobierno para abordarlo.

Y como para que no queden dudas en Lima de que la vía diplomática se acabó, una nota de la Cancillería chilena informa así de la declaración conjunta suscrita con Ecuador: “Los cancilleres de ambos países confirmaron su común visión frente a los temas vinculados con el derecho del mar y reiteraron su más amplia cooperación en esta materia". Más claros no pueden ser los chilenos. Se mantienen en sus trece y buscan apoyo a su postura. Ante esto, las medias tintas en Perú sobre este asunto deberían dejarse de lado. Torre Tagle, además de protestar ante el gobierno ecuatoriano por su intromisión en un asunto estrictamente bilateral, debería iniciar sin más demora los trámites para que sea el Corte Internacional de La Haya la que resuelva este asunto.

Lamentablemente, pareciera que en Torre Tagle no la tienen muy clara y hay cierta desidia: ha pasado un mes desde que el canciller García Belaunde anunció que se presentaría ante la ONU el mapa cartográfico con los límites del Perú, primer paso para llevar el tema a La Haya, pero hasta ahora no se ha concretado, pese a que este mapa ya estaría acabado. Solo se ha remitido a este organismo las Líneas de Base de Dominio Marítimo. (Ver aquí informe de Perú.21 al respecto).

domingo, 6 de mayo de 2007

Ecuador se pone del lado de Chile


Sorpresa causaron las declaraciones del presidente ecuatoriano, Rafael Correa, quien dijo que Perú pretende imponer, tanto a su país como a Chile, una “bisectriz” para establecer los límites marítimos con ambas naciones, lo que – remarcó – tanto en Quito como en Santiago rechazan.

No se entiende a cuenta de qué Correa, que en diciembre decía que las relaciones peruano – ecuatorianas pasaban por su mejor momento histórico, decide entrometerse y comprarse un pleito que no es suyo, pues lo que Perú ha señalado – y con razón – es que está pendiente la delimitación marítima con Chile, pero en ningún momento se habló de que exista una situación similar con Ecuador.

Lo que no debe extrañar es que, cuando se trata de Perú, Ecuador suele ponerse de lado de Chile. No es la primera vez. Y eso es lo que ha hecho Correa en este caso, porque cuando dice que se pretende imponer una “bisectriz” cuando siempre se ha usado el “paralelo” para definir los límites marítimos en ambos casos, lo que en realidad está diciendo es que Santiago tiene razón al sostener que la frontera marítima con Perú se fija por un paralelo desde el Hito Nº1 y no por una línea equidistante – lo que el ecuatoriano llama bisectriz – desde el punto de la Concordia, como señala la posición peruana.

Lo del ‘paralelo’, además, no es cierto, porque para la definir las fronteras marítimas en estos casos no se aplican los mismos criterios, pues en Ecuador hay islas. Y esto está claramente establecido en la Declaración de Santiago de 1952 sobre las 200 millas de mar territorial, que señala que “en el caso de territorio insular (…) la zona marítima de estas islas quedará limitada por el paralelo del punto en que llegue al mar la frontera terrestre de los Estados (países) respectivos”.

Esto, por lo demás, es una intromisión en un tema bilateral que merecería una respuesta contundente pero serena de la Cancillería peruana, aunque el canciller García Belaunde haya aclarado que con Ecuador no hay ningún tema limítrofe pendiente.

martes, 13 de marzo de 2007

Polémica por el documental Epopeya

La miniserie sobre la Guerra del Pacífico que iba a difundir la televisión nacional chilena generó una reacción desmedida e innecesaria en los gobiernos de Perú y Chile, al punto de que el primero hizo un lobby ante el segundo para evitar la propalación de esta producción televisiva que nadie – salvo los realizadores – sabe de qué se trata, porque lo único que se conoce es el video promocional de dicho material.

¿No hubiera sido mejor que el embajador peruano en Santiago, Hugo Otero, antes de pedir que no se difunda el documental solicite primero una copia del material y conozca su contenido para luego decidir qué hacer? Porque ahora este asunto ha generado una serie de reacciones en diversos sectores chilenos, que hablan de censura y cuestionan la intervención de la Cancillería peruana en asuntos de libertad de prensa y expresión de Chile. ¿Acaso a nosotros no nos hubiera molestado tanto como a ellos si la situación fuera al revés? Seguro que sí, porque tanto allá como acá hay sectores chauvinistas que siempre aprovechan cualquier situación para ganar notoriedad, por más que no nos conduzca a nada ese tipo de actitudes.

"A mí me pareció necesario (hablar con el canal estatal) y asumo, como canciller, plenamente la responsabilidad, porque tengo la responsabilidad de manejar las relaciones exteriores de Chile. Nosotros hicimos una evaluación, estamos en un momento clave para construir una relación con Perú que supere los traumas históricos”, ha declarado el canciller chileno Alejandro Foxley, cuya intervención en este asunto viene recibiendo fuertes críticas, incluso de sectores oficialistas.

Las palabras de Foxley, al menos, dan la impresión de que en el gobierno Bachelet, como en el de García, existe la disposición de tragar algunos sapos con tal de mantener en buen término las relaciones bilaterales, las cuales recientemente sufrieron su primera crisis a raíz del proyecto chileno que pretendía recortar territorio tacneño. El problema está, parece, en el tamaño del sapo a tragar, pues aquí el batracio se llama límites marítimos, algo que sí puede causar una indigestión de proporciones históricas.

Esta miniserie histórica, que se grabó entre el 2006 y 2007 en 12 ciudades de Chile, Perú y Bolivia, mezcla una investigación periodística con recreaciones de la época. Participaron en su elaboración, las instituciones armadas de los tres países y narra la historia de un cabo chileno cuyo cuerpo fue hallado, en las afueras de Lima, en 1998. En total, se movilizó a más de 850 personas, entre técnicos y actores, y a unos 600 efectivos militares, en más de 400 horas de grabación. El primer capítulo debía transmitirse el miércoles 14, pero se suspendió hasta nuevo aviso.

lunes, 29 de enero de 2007

Controversia limítrofe no se ha superado

Por afuera risas y ¿por dentro?

Si hay algo que quedó claro en toda esta confusa y controvertida historia por el polémico proyecto de ley chileno – ya observado – que creaba la nueva región Arica y que redefinía unilateralmente la frontera con Tacna, fue la disposición de Alan García a tragar sapos y asumir el costo político interno que podía significar el ocultamiento de este hecho con tal de no perjudicar el impulso que le había dado a las relaciones con Chile, algo que, evidentemente, Michelle Bachelet no estuvo dispuesta a hacer.

Como indica un reportaje del diario La Tercera de Chile, este tema explotó en diciembre pasado, cuando el Senado de este país aprobó el citado proyecto, elaborado por el gobierno de Ricardo Lagos en 2005, pero le introdujo un cambio que llevaba la firma de Bachelet: en el artículo uno de la norma, se indicaba que la frontera norte sería el límite con Perú “desde el Hito Nº1 hasta el Hito 80 tripartito de la frontera con Bolivia”. Esto modificaba de forma unilateral los límites con nuestro país, fijados en el tratado de 1929 en el Punto de la Concordia, a orillas del mar, y no el Hito Nº1, que está unos 220 metros mar adentro, lo que en proyección recortaba entre 19,000 m2 y 35,000 m2 de territorio tacneño.

Esto causó malestar en el Ejecutivo peruano, y se lo hizo saber a Chile de manera formal e informal, pero siempre manteniendo absoluta discreción. El 10 de enero el gobierno peruano entregó un reclamo a la Cancillería chilena por este tema, hecho que coincidió con la invitación de Bachelet a su par peruano para que viajen juntos a Quito para la asunción de Correa, pero ante el impasse fronterizo García prefirió volar solo. El gobierno chileno admitió que había sido un error involuntario introducir el cambio a la ley. Perú quería una solución rápida a esta controversia porque no sabía cuánto más podía mantener bajo la sombra este asunto. Una salida era que Bachelet vetara la norma, pero esto significaba que la presidenta se corrigiera a sí misma y, por ende, abriera una ventana para que la oposición la hiciera trizas, situación por la que no estaba dispuesta a pasar. Lo único que quedaba era que el Tribunal Constitucional (TC) de Chile observara el proyecto y lo devuelva al Congreso para su corrección. Así, el Ejecutivo chileno inició un intenso lobby en el TC y logró que objetara su proyecto. Normalmente – dice La Tercera – cuando esto pasa es una derrota para el gobierno, pero esta vez se celebró como si fuera una victoria.

Este asunto se conoció en la prensa tanto de Chile y Perú el mismo día en que se 'superó' – al menos de momento – la controversia. En realidad lo único superado fue el escándalo que se habría sucedido si el tema se hubiera conocido desde el primer día. Y es que el optimismo que el Ejecutivo peruano ha mostrado, a través del mismo García, al dar por cerrado y solucionado este tema, contrasta con lo expresado por el premier Jorge del Castillo, quien advirtió que no hay que bajar la guardia porque en Chile “hay gente capaz de cualquier barbaridad para perjudicar las relaciones bilaterales”. Y parece que el primer ministro puso las cosas en su real dimensión, porque en Santiago se asegura que la posición de su gobierno sobre los límites con el Perú no ha variado, ya que el fallo del TC se pronunció sobre cuestiones de forma y no de fondo. Incluso, se señala que existen otras leyes que confirman el uso del Hito Nº1 como punto de referencia para trazar la línea de frontera con el Perú, como la Ley de Pesca. Está también el hecho de que Chile, al firmar la Convención del Mar en 2002, estableció su definición del límite fronterizo en el hito número uno. Así, pues, la controversia por este asunto está lejos de superarse porque las diferencias están ahí y parecen irreconciliables.

El Perú, más de allá de la decisión – creo que correcta – de no estropear las relaciones con Chile, debería de una vez buscar, por los canales correspondientes y de ser necesario recurrir a la Corte de la Haya, la solución a las diferencias limítrofes existentes haciendo respetar los tratados firmados y la soberanía de nuestro país. Debería hacerlo, además, sin aspavientos pero con firmeza. Lamentablemente no será fácil, porque en ambos países hay gente demasiada interesada en que nos llevemos mal, reviviendo las heridas del pasado, impidiéndolas cicatrizar y sacando un beneficio político de todo esta situación.